Destinos que no quiero

Está lloviendo como a mí me gusta, me hacía falta una lluvia como esta, este clima es propicio para muchas cosas.

Ando buscando las manos con las que escribía, las noches en las que era tantas cosas, la caja donde guardé al amor, mi cara para estar en público, mi voz para guardar silencio.

Abrí la caja donde guardaba las bombas de humo, y no había nada.

Esta parte de mi vida aún no sé cómo llamarla.

A menudo me disperso en tardes de lluvia, me recuerdo y me olvido, me quedo dormido en la palma de una mano, en un cabello mojado o en el roce de una mejilla.

Me adapto a la forma y volumen del recipiente que me contiene sin mezclarme ni reaccionar con otros elementos.

Me dilato, como tus labios cuando quieres un beso, como las pupilas de tus ojos cuando me oscurezco.

Me contraigo, como la boca de mi estómago cuando te veo.

Me invaden emociones como si fueran abejas, hormigas o mariposas.

Me inundan ideas.

Por lo general olvido respirar profundo cuando me sumerjo en mis pensamientos.

A veces me guío por corazonadas y presentimientos.

En ocasiones tengo dificultades para conciliar el sueño, pero siempre me quedo dormido pensando que todo va a estar bien.

Estoy buscando el futuro más brillante.

Hay destinos que no quiero.

Solo quiero una de las infinitas posibilidades.

Entre el porvenir y la nostalgia transcurre todo.

No todo está escrito, se está escribiendo.

No soy un poeta consumado, me estoy consumiendo.

Pero no creas todo lo que escriba en un día de lluvia.

Podría estar diciendo la verdad.

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