Ana Paula Portilla Ruiz

Artista, hija, nieta, hermana, madre y luchadora, el arte para Ana Paula ha sido desde chica una evidencia en su vida. “No es algo que se escoge, sino al revés, es como si el arte te escogiera a ti. No puede ser de otra manera. Como decía mi amigo G. Arizta: “Yo no vivo del arte, es el arte el que vive de mí”.”

Aunque nació en la Ciudad de México, vivió cerca del Popocatépetl hasta los 19 años, dentro de una familia de agricultores y ganaderos españoles, originarios de un pueblo cercano a Altamira (las cuevas prehistóricas). “Mi infancia fue en un extraño “país” en donde la calle eran campos sembrados y vacas, en donde podías salir de casa y seguías en casa, aunque caminaras mucho tiempo. Jugaba con bichos y plantas, pacas de alfalfa, montes de salvado, lenguas de becerros, y la ordeña con sus piscinas de leche y altos tanques de agua. Los paisajes más hermosos del planeta están al pie de mis volcanes con sus parvadas de pájaros… Me pasaba muchas horas dibujando, escribiendo y tejiendo. Las visitas a mi abuela Tita que disfrutaba como pocas cosas, marcaron mucho mi vida (era sobrina del pintor Zuloaga).”

Estudió en la ENAP-UNAM (con Luis Nishisawa, Castro Leñero, etc.) y luego Historia del Arte en la Ibero (donde coincidió con Sandra Contreras y con José Luis Barrios quien escribiera sobre su obra más tarde). “Después me fui a Francia donde tuve mi diploma de Artes Gráficas y luego en la Université de París 8 en licenciatura y Maestría en Artes Plásticas. Pero lo que verdaderamente me ha formado son las 60 exposiciones que he realizado en mi carrera, sobre todo las grandes que hice en París: en el Grand Palais, en museos como el del Marqués de Valdecilla o en proyectos como el de París-Damas en el Institut du Monde Arabe, o l’Institut de l’Amérique Latine, así como las colaboraciones con otros artistas como Gerard Pape, compositor neoyorquino para quien hice, entre otras cosas, la escenografía de su Opera “Les Cenci” de Antonin Artaud en Teatro Moliere, o los artistas del taller de gráfica Clot & Bramsen (taller de Alechinsky, Toledo y muchos otros artistas de renombre). La riqueza de la vida está hecha de encuentros.”

Su pasión por la pintura comenzó desde su nacimiento entre vacas, abajo de un volcán activo, de la contemplación de partos, cielos coloreados y campos sembrados. “Desde entonces, mi trabajo se construye entre maravillarse y cuestionarse sobre lo salvaje y nuestra naturaleza. Mi obra forma progresivamente una visión del mundo en la que la supervivencia interior es igualmente fundamental como nuestro cuerpo y la piel que lo envuelve, y en donde nutrir la intuición es alimentar la vida. Esto es pintar para mí.”

Llegó con su familia a mediados del 2015, luego de dos décadas en París, buscando perspectivas culturales y económicas tanto para sus hijas como para su esposo David Poinas, que es chef. “Playa del Carmen tiene una población multicultural y un clima envidiable. Riquezas naturales y un mundo de oportunidades. Dejar la escena de París no me fue fácil, de hecho, abandoné gran parte de mi taller, archivos, obras, biblioteca… Necesitaba reconstruirme, llegué de alguna manera “desnuda” a un lugar que me imaginaba como “isla desierta”. La situación en México es igualmente surrealista, pero finalmente es mi país, lo redescubro viviendo de nuevo aquí y tiene tantísimo que me hace sentir orgullosa de trabajar con y por él. Me estoy reencontrando.”

Las formas que escoge para sus piezas se inspiran muchas veces en figuras primordiales, que tienen una fuerza increíble: nos recuerdan fertilidad, el llamado de la tierra, la fecundidad de toda clase. “Mis obras interrogan nuestros propios misterios y nos hacen pensar en la importancia del instinto. Nos ayudan a comprender que para ser uno mismo hay que navegar en la oscuridad, salir del agua… Abastecer nuestra intuición es nutrir la vida. Y yo lo hago también trabajando con ganchillo: nudo tras nudo, una nueva fuerza surge, suave y cálida, y esa labor responde cuidadosamente a mis preguntas… Cada serie tiene sus motivos, su alma, su impulso de vida.”

Resumir un estilo en sus creaciones es muy difícil pues Ana Paula tiene la técnica, ojos y manos para crear cuadros naturalistas, pero también expresionistas y abstractos. Es un navegar entre lenguajes dependiendo de la época que está viviendo. “Nadie es igual a sí mismo todo el tiempo, y me esfuerzo mucho en no encerrarme. Un rasgo constante en mi obra es mi necesidad de mantener un lazo estrecho con lo natural y lo real. Incluso en lo abstracto, no hago manchas, siempre representan algo real: agua, sangre, tierra… desde la estructura pictórica hasta los pigmentos. Puedo decir que mi estilo es “esencialista”.”

Además de sus más de 60 exposiciones colectivas e individuales en México, Francia, España, Italia, Alemania, Brasil, Siria, Australia, Japón y USA. En la Riviera Maya ha expuesto en la Galería Arthumus “El agua y sus reflejos”. “Luego vino “Naufragas” que fue el 1er. encuentro de Arte Textil en Playa del Carmen en donde conocí a artistas con quienes tengo lazos muy cercanos y sorprendentes como con Mercedes Bautista: naufragamos juntas. Recientemente expuse en la colectiva “Mira Cuántas Somos” iniciativa de Arthumus en colaboración con la Galería 18 junto a 26 artistas internacionales gracias a Daniela Jáuregui, y fue una experiencia muy enriquecedora.”

Actualmente está trabajando en su nueva serie “CUPIDO” que será un libro y una exposición en torno a la naturaleza y la memoria, las huellas que dejan y los hilos o brotes que surgen de ellas. Paralelamente, codirige Arthumus (restaurante francés y tienda orgánica) y su galería, invitando a artistas a unirse, a encontrarse. “Y soy mamá de dos preciosas guerrilleras de 7 y 9 años que afortunadamente me obligan a retirarme del mundo “aquel” y a vivir aquí.”

Proyectos o deseos a futuro… “Proyectos siempre tengo un montón, tanto como amo la vida. Pero mi deseo más ferviente es el de vivir en una sociedad holística, libre y ecológica. Le estamos haciendo tantísimo daño a la tierra y en consecuencia a nosotros mismos que eso debe de parar. Todo nuestro proyecto en Arthumus trata de esto: apoyar un estilo de vida libre, ecológico, sano, autosuficiente, local, amoroso y por supuesto artístico. Por eso hago un llamado a acercarse con nosotros para apoyar a todos los productores y artistas que defendemos, a permacultores y personas conscientes, de venir y disfrutar, darse cuenta de que lo “Green” más que una moda es una urgencia. El cambio debe de ser cultural y de raíz. Por otro lado, he lanzado el proyecto Riviera Maya Artists del que pronto podré hablar más a detalle. Laboro intermitentemente en 3 territorios: el artístico, el cultural y el ecológico, entre playa, ruina, cenote, selva, casa y taller.”